Irán – un país que dejó una huella en mi corazón.

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Irán, Tashk village, 2008

Hace algunos años tuve la oportunidad de ir a Iran. Fue en 2008, poco tiempo antes de la revolución verde. Fue un viaje de dos semanas durante los cuales recorrí el país en compañía de dos hombres. En momentos me desplazaba también sola y como siempre, utilizaba los transportes locales, que en la mayoría fueron los taxis colectivos. El gran problema de un taxi colectivo es saber donde cogerlo. Tienes que conocer los sitios a donde se paran para ponerte allí en la acera y esperar. Me encanta viajar de esta manera, es lo mejor para poder interactuar con la gente local, ver como funcionan las cosas, mezclarse en el ambiente. En este sentido, me considero “heredera” de Kapuscinski.

En Iran la gente es extremamente hospitalaria. Nunca encontré algo semejante en ningún otro sitio. Son dispuestos a dejarlo todo para ayudarte. Literalmente, y a veces, hasta exagerándolo. Un día en Teheran, pregunté a una chica en la calle como llegar a tal y tl sitio. Intentó explicarme y finalmente me dijo: “Te voy acompañar”. Como sabía que el sitio en cuestión estaba lejos y que hay que utilizar transporte alguno para llegar, pensé que ella iba en la misma dirección. Cogimos un taxi colectivo, luego otro. Finamente después de una hora y media de trayecto hemos llegado a una estación de trenes locales y allí la chica me dice: “Tienes que comprarte un billete aquí, a tal dirección y te queda una hora de viaje más o menos”. La miré y dije: “Y tú?” – “Yo vuelvo”. Y volvió al sitio a donde la pare en la calle por la primera vez.
A lo largo de dos semanas, historias de este estilo se multiplicaron de manera impresionante. Hasta llegar a un momento en el cual un taxista rechazo mi pago por el trayecto diciendo que soy “invitada en su país”.

A un momento hemos decidido aventurarnos en una región completamente desconocida a donde había un “lago” que se llenaba de agua sólo algunos meses al año. El resto de tiempo, la tierra quedaba prácticamente desértica. No había ninguna ciudad ni pueblo en alrededor, a excepción de algunas casitas de paisanos. Nos costó encontrar un taxista que quizo llevarnos allí. Finalmente hemos conseguido y al llegar, decidimos intentar quedarse por la noche. Simplemente preguntamos a uno de los paisanos si es posible dormir en algún lado. No nos entendíamos porque ni ellos hablaban ingles ni nosotros Farsi. Como se escribir un poco árabe, intenté explicar las cosas así. Nos acogieron y al despertarme muy temprano por  la mañana, vi esta “tienda” en la cual dormía uno de nuestros huéspedes.

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