Londres: entre el bar Polaco y la mezquita.

La mezquita de Acton, Londres 2017

Hace un par de semanas tuve el placer de participar en un Festival de Cultura en Londres y, como mi último viaje a esta ciudad remonta a 12 años, decidí quedarme un par de días más para “callejear” con mi cámara. Me interesaba descubrir barios más lejanos, sobre todo los que son habitados en gran parte por la inmigración Polaca. Quería ver como viven, como funcionan, palpar el ambiente.

Uno de estos barios, Acton, situado a una hora de tren del centro, resultó ser muy diverso. Cuando salí de la estación, me quedé impresionada por la mezcla de nacionalidades, sabores, olores, culturas. Lo vi como una gran riqueza, sobre todo hoy cuando tanto se habla de asimilación y adaptación, pidiendo a los inmigrantes que hagan un esfuerzo. Creo que Enric González, en su libro “Historias de Londres”, describió perfectamente esta sensación:

“Los ceilandeses, como muchas otras minorías, no sintieron necesidad alguna de adaptarse a su nueva ciudad; por el contrario, hicieron que su Londres se adaptara a ellos. Y allí siguen, con su idioma, su vestimenta, su comercio y sus costumbres, sin que a nadie le parezca ni bien ni mal. Londres no es integradora: en ese caso toleraría mal la diferencia y reclamaría la asimilación. Londres no teme los cambios, ni teme a los extranjeros, ni teme perder una identidad determinada. Es de una indiferencia majestuosa.”

Yo, una emigrante que pasó mitad de su vida fuera de su país, no considero ver toda esta mezcla como algo malo o peligroso. Los monolitos nunca me interesaban, al contrario, creo que justamente la falta de diversidad puede resultar muy arriesgada.

Busqué uno de los bares Polacos que, sabía, estaban en Acton. Justamente aquella noche hubo un partido de footbal – la representación Polaca jugaba contra la Rumanía. El bar estaba llenísimo. De repente me sentí como si estaba en Polonia: la gente hablaba únicamente polaco, había banderas polacas por todas partes, las caras parecían claramente del “Este” y la cerveza corría a ríos. Sentí todo esto como un pequeño preludio visual, que permite darse cuenta de las dimensiones a las cuales llegó la comunidad Polaca en Londres. Los Polacos funcionaban como si estaban en Polonia profunda, con pleno derecho de expresar su manera de ser. Nada más normal y natural.

Me quedé un rato observando y finalmente decidí seguir mi paseo. De repente di con una gran mezquita, literalmente a dos pasos del bar Polaco. El edificio me impresionó. Nunca vi una mezquita semejante en Barcelona. En Barcelona, en la mayoría de los casos, los musulmanes se tienen que reunir en pequeños espacios dentro de edificios viejos, en los cuales algún local fue adaptado para la sala del rezo.

Era ya la noche, y la gente salía justamente después de haber participado en un rezo. Cogí la cámara y mientras que enfocaba, vi a un hombre acercándose hacía mi. – “¿Me tomaste la foto?” – “Bueno, también, pero sobre todo me concentraba en la mezquita” – respondí imaginando ya que me va echar una bronca, cómo suele pasar bastante a menudo en Europa. Nada más lejos.
Empecé hablar con él y finalmente Wasif me invitó a la mezquita. – “Ven a verla por dentro y cenar algo con nosotros.”

Me di cuenta que estamos en pleno Ramadán, el mes santo de Islam. En este mes la cena tiene una importancia muy grande, rompe el ayuno del día y la gente procura pasarla siempre en compañía de los familiares o otras personas. Nadie quiere romper el ayuno de Ramadán sólo. No se rechaza una invitación a la cena de Ramadán.

Acepté la proposición y Wasif me condujo a la cocina a donde me invitaron a servirme de toda la comida que me apetecía. Luego tuve que subir al espacio de mujeres, a donde Wasif no pudo entrar – “Te esperaré abajo, pero tu toma tu tiempo.” – dijo.

Cuando entré en la sala, las mujeres me miraron con cierta curiosidad pero en mismo tiempo en sus caras se extendían grandes sonrisas. Me senté con ellas explicando como aterricé en medio de su cena. – “Tengo que cubrir mi cabeza aquí verdad? – pregunté buscando algún pañuelo en mi bolsa – “No es obligatorio, depende de cada persona. Si te apetece, hazlo, sino no, pasa nada”. Lo hice. Me pareció un mínimo señal de respeto frente a esta acogida tan generosa.

No pude quedarme mucho tiempo allí y fue para mi una gran lástima. Llegué justamente cuando estaban terminando su comida y no tuve mucha ocasión hablar con ellas. Fue también mi última noche en Londres y sabía que de este momento fugaz, hay que aprovechar lo máximo que se pueda.

Cuando bajé, Wasif me esperaba con paciencia y…. con una bolsa que contenía varios cartones de zumo de frutas, botellas de agua y fruta – “Cómo me dijiste que mañana te vas ya a Barcelona, te preparé esto.” – dijo entregándome la bolsa. Era imposible rechazar y tuve todo el mal del mundo explicarle que no hace falta que me acompañe además en coche hasta mi hotel. Conseguí negociar un acompañamiento hasta la estación de tren y allí nos hemos despedido, como si fuéramos los mejores amigos desde hace mucho tiempo.

 

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3 respuestas a Londres: entre el bar Polaco y la mezquita.

  1. szelestna dijo:

    niesamowita przygoda, tylko podróżując możemy na takie chwile liczyć
    dobrze wiesz, że Oni na emigracji jeszcze bardziej chcą pozostać sobą, stąd to czcze świętowanie, a Ty stałaś się niesamowitych Ich gościem, i ten cudowny Twój gest z chusteczką w odpowiedzi na ich gest wobec Ciebie, wspaniałe to

    • hannabf dijo:

      Tak, podróże to wspaniała okazja do poznawania ludzi pod warunkiem oczywiście, że na takie spotkania jest się otwartym. Ja to właśnie uwielbiam, takie przypadkowe niespodzianki, które pozwalają ci wejść na chwilę w życie innych. Nie mówiąc już o tym, że w takich momentach łudzę się, że jest możliwe zatarcie granic i zrozumienie, że jedyna droga (moim zdaniem) to postrzegać różnorodność jako skarb ludzkości.
      Pozdrawiam!

      • szelestna dijo:

        zgodzę się z Tobą, ludzie są naprawdę różni, jeśli chodzi o mnie, ich różnorodność zrodziła we mnie silną tolerancję

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