Imagine there is no country; nothing to kill or die for.

© Hanna Jarzabek Barcelona, 24.08.2017

Estaba fuera cuando los atentados hicieron tambalear la Rambla. Estuve con mi pareja en Gomera, disfrutando de un maravilloso día de vacaciones, caminado por los bosques, cuando de repente nos llego un mensaje de una amiga: “¿Estáis bien?”. Y empiezo un largo e incrédulo recorrido por mensajes, noticias, llamadas. Nos pareció surrealista, aún más estando lejos. Lo único que podíamos hacer es darnos un abrazo; un abrazo logro y silencioso.

Volví hace un par de días y ayer fui por la primera vez a la Rambla. Me pareció aún más surrealista ver todas estas flores, velas, multitud de cosas que la gente deja como señal de un pensamiento, de dolor, de solidaridad. Rambla es la calle más dinámica de Barcelona, la cual intento de evitar, cansada por la multitud de gente que la inunda cada día. Pero ayer, por la primera vez, veía esta multitud con otros ojos.

De cierto modo me sentía agradecida que están allí, que dejan cosas, que demuestran su solidaridad. Vi gente, de todas las edades, que se abrazaba, que secaba lágrimas, que traía flores. Un chico circuló con un pequeño alta voz de mesa, haciendo escuchar a todos la canción “One heart, one love”. Un ambiente especial…

Pero hubo también otra cosa. Una curiosidad mórbida, gente que posaba para fotos, en frente de flores y velas preguntando “¿He quedado bien?”. Algún turista preguntando en ingles “Have you been here when it happened? From which side did they enter?”. Tenía ganas de responder: “De veras, ¿importa de que lado entraron?” Pero opté por irme en silencio.

Me dije que en nuestra sociedad occidental hay cosas que fallan, y muchas; que me queda más y más claro que tenemos que cuestionarnos, parar un rato y reflexionar sobre el mundo que hemos construido; reflexionar sobre nuestra responsabilidad en lo que está pasando. Con más fuerza me digo que a un chaval de 17 o 20 años que este feliz, respetado plenamente y considerado como ciudadano igual a todos, no le pasaría por la cabeza meterse en coche con objetivo de matarse y matar a otros. No lo creo y no lo quiero creer. Si esto pasa, algo no va bien también aquí, en “nuestro lado” y no basta por echar toda la culpa en fanáticos que consiguen sembrar odio. Para que las palabras de odio portan sus frutas, hace falta una tierra propicia en la cual pueden echar raíces.

De ayer, quiero quedarme con la letra de la canción de John Lenon, que vi escrita en muchos rincones de la Rambla y con la cual estoy de acuerdo aún más que nunca:

Imagine there’s no country
Nothing to kill or die for
And no religion too
Imagine all the people
Living life in peace

© Hanna Jarzabek Barcelona, 24.08.2017

© Hanna Jarzabek Barcelona, 24.08.2017

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