¿ La libertad de expresión o banalización del lenguaje de odio?

Como siempre, hoy empecé mi día mirando noticias y redes sociales, para ponerse al tanto. Últimamente este ejercicio requiere mucho auto-control y hay que tomar mucha distancia a lo que se lee en redes sociales. A menudo tengo la sensación que los humanos se transformar allí en “seres” sin ningún tipo de control, echando toda rabia, odio y bajeza moral que puedan, sabiendo que les protege una pantalla.

En general evito participar en las conversaciones que se desarrollan en espacios virtuales, diciéndome que, en su gran mayoría, son estériles y no llevan a ningún lado. Pero hay momentos cuando empiezo a pensar que no decir nada significa que no me importa o que estoy de acuerdo. Y no es el caso.

Hoy leí la noticia sobre la sentencia contra los raperos de Sabadell: “tres años de cárcel por cantar”. Una barbaridad. Luego leí un artículo que da más detalles (Washington Post, para evitar cualquier tipo de parcialidad) y que sita algunos versos de las canciones. Parece que los raperos hablan de muerte del rey o de otros políticos y que justifican los atentados y asesinatos cometidos en Pais Vasaco. Busco un poco más de información y me topo con “Death to those pigs” en referencia al rey y otros políticos. Que queda claro: el rey me sobra y muchos otros políticos también, pero no se me ocurriría decir que quiero matarles.

Sigo pensando que tres años de cárcel es una barbaridad, pero me siento por lo menos “incomoda” con este lenguaje violento. Miro la entrevista que dieron los raperos para Washington Post, citando en su defensa casos de otros artistas.  Ahora ya no es cuestion de sentirme incómoda, me rebelo diciéndome que hay limites. Entiendo y comparto la necesidad de expresar desacuerdo o incluso rabia con el sistema, con la injusticia, o por tener un presidente tan horroroso como Trump. ¿Pero mantener que “matar” al dicho presidente en un video clip es una mera expresión de opinión? Yo no souscribo.

Termino mi mañana mirando reacciones en las redes y allí ya me asombro. Las personas que considero valiosas, luchadores por la justicia social y otros, defienden a los raperos en nombre de la libertad de expresión sin reparar en que de este modo, validan el uso del lenguaje de odio.

Hace algunos meses escribí un artículo titulado “Banalización del lenguaje de odio”, el artículo (que podéis leer aquí) empezaba con estas palabras:

“Los europeos modernos me consideran demasiado blanco. Odio a los comunistas… Me divierte quemar la bandera del arco iris… Dime ¿Qué padre aceptaría a un yerno negro? ¿Qué padre dejará su hija a un árabe? ¿Qué padre querría tener una hija lesbiana? Piensa en esto antes de llamarme fascista.”

Es una canción de un rapero polaco. ¿Tengo que aceptarla en nombre de libertad de expresión?

Desde hace algunos años los ultranacionalistas polacos van gritando en sus manifestaciones: “Se colgará a los comunistas en los árboles, en lugar de las hojas” o “A la gentuza roja: se le da una vez con el martillo, otra con la hoz.” Algunos raperos polacos recogen estos lemas, incluyéndolos en sus canciones. ¿Tengo que aceptarlo en nombre de libertad de expresión? Tengo que auto-convencerme que, al fin y al cabo, son sólo palabras y que en realidad nadie quiere colgar ni matar a nadie?

Desde luego tres años de cárcel, decidido por el tribunal español para los raperos de Sabadell es una locura. Pero dejarles cantar como si nada este tipo de cosas es un peligro y no se puede banalizarlo. Porque si aceptamos que lo que cantan es permisible bajo excusa de “libertad de expresión” tenemos que aceptar todos otros cantos también. Y yo me niego.

Me asombra la rapidez con la cual olvidamos que la libertad de uno siempre tiene un limite. Si hoy aceptamos que se usa este tipo de lenguaje en nombre de libertad de expresión, hay riesgo que mañana aceptaremos algo mucho más grave. Da igual quien canta y contra quien, la palabra es siempre el primer paso. Si lo damos, el siguiente será más fácil y una vez en la espiral, no habrá retorno. Como escribí en mi artículo, citando a Meryl Streep: “La violencia incita a la violencia”. Merece añadirse que la banalización del lenguaje del odio tiene sus consecuencias. Ya hemos visto algunos horribles ejemplos de ello en la historia.

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